¿HAY NIÑOS QUE TIENEN

“ORGANOS SEXUALES AMBIGUOS”?

¿QUE SIGNIFICA ESTO?


















La mayoría de las personas toma como algo natural que en el momento del parto se determine si ha nacido un niño o una niña. Para juzgarlo, desde luego, se parte de la observación de los órganos sexuales del bebé que acaba de nacer: si presenta la abertura vaginal, es una niña; si tiene testículos y pene, es varón. Sin embargo, la situación no siempre es tan sencilla como pudiera parecer. En ocasiones, ni siquiera el médico con más experiencia puede determinarlo.

   Partimos de la base de que casi todos los bebés nacen con el sexo bien definido, y este factor tiene una implicación vital para la identificación de un ser humano. Pero en ocasiones (y la situación se presenta mucho más frecuentemente de lo que pudiéramos pensar, lo que sucede es que los padres prefieren callarla para evitarle traumas pos-teriores a sus hijos), el bebé que acaba de nacer presenta lo que se conoce con el término de órganos sexuales ambiguos; es decir, presenta anormalidades en sus genitales externos que no permiten determinar inmediatamente cuál es su  verdadero sexo.

   Cuando esto sucede, no se puede identificar el sexo del recién nacido (ni siquiera en los papeles que están relacionados con su nacimiento) hasta que transcurren tres o cuatro semanas... un período durante el cual se efectuará una evaluación médica (endocrinológica y clínica) que permita arribar a conclusiones definitivas sobre el particular. Durante estos exámenes y pruebas, tanto el pediatra como el endocrinólogo tratarán de encontrar una respuesta a la interrogante... un proceso mucho más complejo de lo que pudiera pensarse, pues no se trata simplemente de asignar un sexo porque un tipo de órgano sexual parezca más desarrollado que otro. En estos casos, la decisión se basa en una serie de estudios de laboratorio y otras pruebas físicas, las cuales pueden indicar la existencia de ciertas características biológicas predominantes de un sexo sobre otro.


DETERMINAR EL SEXO DE UN

BEBE CON ORGANOS SEXUALES

AMBIGUOS DEBE SER UN

PROCESO RIGUROSAMENTE CIENTIFICO

Ante esos casos de órganos sexuales ambiguos, los especialistas deberán efectuar un análisis de cromosomas, para determinar la existencia de cromosomas XX (femeninos) o de cromosomas XY (masculinos), así como los niveles de las hormonas progesterona (femenina) y testosterona (masculina) en el suero sanguíneo. En casos como ésos, no se trata de una situación de hermafroditismo (fenómeno en el que aparecen ambos órganos sexuales definidos o esbozados rudimentariamente en el abdomen), sino de niños en los que la anotomía externa de los genitales impide la diferenciación del sexo debido precisamente a su ambigüedad. Si el diagnóstico de este examen y estudio fuese equivocado, los resultados serán, desde luego, catastróficos.

   Ante una situación de este tipo, es muy importante que en ningún momento  el deseo de los padres pueda influir para determinar el sexo que se le asigne a la criatura que ha nacido con los órganos sexuales ambiguos. Si el niño presenta características de ambos sexos, y se insiste en querer definirlo como “varón” (desarrollándole sus órganos masculinos mediante tratamientos hormonales y procedimientos quirúrgicos), se incurre en el grave peligro de desarrollar un cuerpo de hombre con alma de mujer... y el paciente, desde muy joven, sentirá una fuerte atracción hacia su mismo sexo, y sufrirá al verse envuelto en un sexo equivocado. Si por el contrario, se decide que es una niña, pero luego resulta que sus tendencias son masculinas, el problema se agudiza igualmente. Evidentemente, no es fácil implantar los órganos masculinos en el cuerpo femenino. Así, las pacientes desarrollan fuertes tendencias lesbianas y conflictos emocionales severos que no siempre pueden canalizar adecuadamente.





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CUANDO UN BEBE NACE CON

ORGANOS SEXUALES AMBIGUOS,

NO HAY DUDA DE

QUE SU SITUACION ES CRITICA...

Existe una serie de complicaciones clínicas que pueden surgir en el momento del nacimiento de un bebé, cuando los órganos genitales se presentan ambiguos o indefinidos en la criatura. Una de ellas es la llamada hiperplasia congénita de las glándulas suprarrenales, una condición que consiste en un aumento anormal del tamaño de las glándulas suprarrenales (las que se encuentran ubicadas encima de los riñones) lo que puede ocasionar la muerte del pequeño.


El niño que presente

esta anormalidad al nacer, debe ser observado cuidadosamente,

para detectar condición


*  cualquier pérdida anormal de cloruro de sodio (sal) en el cuerpo;

*  la aparición de vómitos; y

*  otros síntomas del trastorno.


Durante las cuarenta y ocho horas que siguen al nacimiento, el pediatra deberá observar cuidadosamente al recién nacido, para comprobar si se desarrolla la afección de las glándulas suprarrenales que le menciono. De inmediato se procederá a explorar la cavidad pélvica (mediante el empleo de técnicas especiales, como el ultrasonido, los rayos X, y otros equipos similares) con el objeto de detectar la existencia de órganos internos de un sexo o de otro (ovarios, trompas de Falopio, útero, en la niña; próstata en el varón). Ahora bien, si se determina la presencia de la hiperplasia de las suprarrenales, entonces es necesario aplicar un tratamiento de emergencia al bebé, ya que la vida de éste se encuentra en grave peligro.

   La determinación del sexo es una decisión que se debe tomar conjuntamente por el pediatra, el endocrinólogo, el urólogo, el sexólogo. Los padres en realidad deben adoptar una actitud pasiva al respecto y aceptar la decisión final de los especialistas, observando con detenimiento la evolución que ofrecerá el caso: la conducta futura del pequeño no dependerá de la formación externa de sus órganos reproductores, sino de factores internos ya estudiados por los especialistas. Además, se les recomendará prestar especial atención a la educación de la criatura dentro de los parámetros establecidos socialmente para el sexo que ya ha quedado definido para el niño.


LA CIRUGIA, DESDE LUEGO,

ES EL RECURSO FINAL

Una vez que se ha determinado el sexo del bebé, se pueden corregir las anormalidades anatómicas que pudieren existir por medio de la cirugía. Esta operación incluye la eliminación de estructuras superfluas (por ejemplo, los testículos en el caso de una criatura que en realidad es niña, o la sutura de una falsa vagina, en el varón). Estas operaciones deben efectuarse antes de que el niño cumpla los dos años, para evitar en el pequeño los traumas de índole sicológica que pudieran producirse después, cuando desarrolla un concepto más definido de qué son las diferencias sexuales. Sin embargo, si las operaciones quirúrgicas resultaran muy complejas a esa edad, habrá que posponer la decisión hasta otro momento posterior, incluso hasta la etapa de la pubertad. Durante ese tiempo crítico, tanto los padres como los médicos irán observando el desarrollo y las inclinaciones que muestra el niño (o la niña) en su evolución, y se tomará una decisión final con respecto a su sexo, una vez que arribe a la adolescencia. En estos casos las complicaciones sicológicas siempre son mayores, y las estadísticas a nivel internacional así lo demuestran.

   En el caso de niñas con genitales ambiguos, casi siempre se procede a reducir el clítoris y a abrir la vagina (o a definirla). En el caso del varón, se sutura la falsa vagina. Pero en ambas situaciones, antes de llegar a esta determinación, será necesario descartar todo posible error o duda en cuando al verdadero sexo de la criatura. De ello depende que en el futuro pueda llevar una vida normal.



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