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¿ES PRUDENTE TENER

SEXO DESPUES DEL PARTO?















PREGUNTA

Somos un matrimonio joven y acabamos de tener nuestro primer hijo... una niña que consideramos preciosa. No obstante, nuestra vida íntima ha termidado... así, de repente. No nos atrevemos a disfrutar plenamente de la intimidad, y en verdad no sabemos cuál es el motivo que nos obliga a ser tan prudentes. ¿Debemos superar nuestros temores...? ¿Qué debemos hacer...? (R.F. y A.F.).


RESPUESTA

Cuando nace un nuevo hijo, no hay duda de que la pareja atraviesa por un período de conflicto, porque debe modificar drásticamente su estilo de vida...

     ¿Qué debe hacer con respecto a su vida íntima? Uno de los problemas que con mucha frecuencia se plantea en el consultorio del especialista (tanto del Ginecólogo como del Sicólogo) es el que se relaciona con la continuación de la vida sexual normal después del parto. En muchos casos, la aparición del nuevo miembro de la familia cambia totalmente la conducta sexual habitual de la pareja, y si no se comprenden bien los mecanismos (conscientes e inconscientes) que están actuando en este cambio de conducta, puede sobrevenir una verdadera crisis matrimonial... una situación que ponga en peligro la relación de la pareja.

   Son muchos los matrimonios que llegan a la triste conclusión de que su vida sexual y sentimental no es la misma después de la llegada del primer hijo. Tener un hijo no es cosa de juego, y la pareja debe estar preparada para ello. Después que nace la criatura, la vida matrimonial se transforma por completo, y la pareja no solamente tiene que adaptarse a una nueva rutina, sino que debe poner mucho de su parte para que sus relaciones intimas sigan siendo las mismas (o aun mejores) después del parto.


LA MADRE SUELE PROTEGER A

LA CRIATURA CONTRA EL ACTO SEXUAL;

LO CONSIDERA

“INFECCIOSO” O “PECAMINOSO”

La transformación física y mental de la mujer que espera un hijo comienza con el propio embarazo. El cuerpo de la mujer ha sufrido un cambio impresionante durante la preñez y el parto; por otra parte, su equilibrio hormonal ha sido afectado totalmente. Una vez que nace la criatura, sus instintos primarios son de orden materno: ella vela y protege, como hacen todas las madres pertenecientes al grupo zoológico de los mamíferos. Para la mayoría de las madres, en esos momentos pensar en la actividad sexual como tal es algo que no se les ocurre; en verdad ocupa un lugar muy por debajo de sus necesidades. Sin embargo, no debemos confundir este sentimiento materno con el rechazo del amor por el hombre con el que comparte su vida...

   Es más, la mujer que llega a la maternidad ve aumentada su necesidad de afecto, de recibir caricias, besos, y apoyo emocional... Para ella es imprescindible el contacto físico humano, pero (curiosamente) a su vez rechaza la actividad sexual, ya sea el contacto oral o el genital, o la introducción del pene en la vagina para efectuar el acto sexual completo. En muchos casos existe un terror (consciente o inconsciente) a infectar al bebé con algún germen o microbio; también

(probablemente debido a traumas surgidos en su formación educacional) la mujer por lo general tiende a considerar el acto sexual como algo pecaminoso que no debe efectuarse una vez que ha nacido la criatura o al menos mientras está lactando.


EL DOLOR FISICO, LA TENSION,

LA FALTA DE ATRACTIVOS, Y EL TEMOR

A QUEDAR NUEVAMENTE EMBARAZADA...

Además del temor a las infecciones o a lo supuestamente pecaminoso, la mujer que acaba de dar a luz se ve alejada del sexo por otras razones muy variadas: desde el dolor físico,  la tensión nerviosa y la pérdida de sus atractivos físicos, hasta el miedo a quedar nuevamente embarazada.

   Entre todos estos factores, es muy importante tener en cuenta el problema del dolor físico. Muchas mujeres quedan lastimadas después del parto, adoloridas y con temor a sufrir alguna infección o herida; esto las incapacita para mantener relaciones sexuales normales. Otro aspecto que debe tomarse en cuenta en este rechazo inconsciente hacia el  sexo es la gran tensión nerviosa o estrés  que ha sufrido durante los meses de embarazo y al dar a luz a su hijo. Después de esa gran tensión, la mujer que se restablece del parto suele sentirse melancólica y presentar períodos de ansiedad y depresión que, lógicamente, no son los más propicios para sentir el deseo sexual.

   Hay mujeres que se angustian al notar las transformaciones físicas que sufren durante el embarazo (aumento de la cintura, incremento de peso, várices, manchas en la piel, y malestares físicos en general) y piensan que van a dejar de ser atractivas al hombre que aman. En estos casos, la mujer no desea mostrarse íntimamente (como antes lo hacía) en presencia de su hombre. Estas secuelas físicas del parto (que con cuidados y ejercicios adecuados llegan a desaparecer, desde luego) limitan sexualmente a la mujer; es decir, constituyen un obstáculo poderoso para la consumación del acto sexual espontáneo.

   En otros casos, la mujer teme quedar nuevamente embarazada. Este temor a tener un nuevo hijo puede llegar a ser exagerado y convertirse en una situación anormal. Ella sabe ahora lo que el parto significa (antes sólo lo conocía de oídas o quizás tuvo un buen parto antes que éste), y estas consideraciones la llevan a rechazar el sexo o a comportarse de una manera muy distinta a como lo hacía antes en sus relaciones sexuales.


EL SEXO DESPUES DEL PARTO,

AUNQUE NO DESEADO, SIRVE

PARA RETENER A SU HOMBRE

Sin embargo, el hecho de que muchas mujeres insistan en tener actividad sexual después del parto no debe confundirnos. No se trata en verdad de un deseo sexual genuino, sino más bien de un temor inconsciente a que su hombre busque en otra mujer el placer sexual que ella considera que no puede proporcionarle.  Así vemos cómo hay mujeres que son verdaderas heroínas de la intimidad, sufriendo con cada acto sexual, incapaces de confesarle al esposo lo mal que se sienten al acceder a unas relaciones íntimas para las cuales no está realmente preparada... por temor a perderlo.







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EL SEXOLOGO RESPONDE

   Por otra parte, el problema se agrava, ya que la mujer no desea tener relaciones sexuales y el hombre sí. Debido a ello, se rean antagonismos y situaciones de incompatibilidad desagradables. El hombre suele pensar que ya ella dejó de amarlo (incluso existen casos en los que éste comienza a sentir celos por el bebé, que ha llegado como un intruso a romper la armonía sexual que antes existía). Son sentimientos que pueden asombrar al hombre cuando surgen en su mente, pero que están latentes... y, desde luego, le hacen sentirse malvado y hasta desarrollar complejos de culpa.


EL NIÑO SE INTERPONE

ENTRE LA MADRE Y EL PADRE...

La situación se agrava cuando el niño duerme en la habitación de los padres (lo que casi siempre ocurre durante los primeros meses de nacido) y la madre se queda cuidándolo durante el día. Para que el padre pueda dormir y trabajar al día siguiente, éste deberá en muchas ocasiones ir a dormir en la sala o en otra habitación de la casa. En otros casos, la madre trabaja también, pero se encarga de levantarse durante la noche para atender al niño... y está tan cansada que cuando él insinúa su deseo de hacer el amor,  ella lo rechaza... muchas veces, abruptamente.


   De esta manera se va creando un cúmulo de situaciones complejas que hacen que la vida sexual inmediatamente después del parto no sea igual a como era antes, una situación que  deben conocer perfectamente las parejas para no sufrir las frustraciones lógicas, y al mismo tiempo para poder disfrutar plenamente la llegada de ese hijo querido sin que esto signifique un obstáculo, sino mas bien un enriquecimiento a sus vidas... Por ello es tan importante que la pareja se prepare adecuadamente  para que el hijo sea lo que debe ser, y no de convierta en un intruso en la familia.


¿COMO RESOLVER EL PROBLEMA?

El sexo después del parto es una de las situaciones matrimoniales que probablemente requiere más atención or parte de la pareja. Lo primero que deben hacer dos cónyuges que se aman es hablar y analizar la situación a la que se enfrentan con toda franqueza. Cuando se tiene la certeza de que el amor existe, y se demuestra de mil formas diferentes (no necesariamente con el acto sexual), y al mismo tiempo se comprende que estos problemas son factores transitorios, todo se hace más llevadero. Hay mujeres que se angustian al comprobar cómo pasan los días y notar que han perdido su sexualidad... “¡Me estoy volviendo frígida!”, es lo primero que piensan. Sin embargo, si esa misma mujer llega a la conclusión de que se trata de un período transitorio (condicionado por factores bioquímicos de naturaleza hormonal, por condiciones sicológicas, y por otros elementos físicos temporales) la situación cambia... y drásticamente. A partir de ese momento se restaura la confianza que se creía perdida y no se incrementa el estrés con temores y presentimientos negativos.


LA COOPERACION DEL ESPOSO ES,

DESDE LUEGO, IMPRESCINDIBLE

El papel del hombre en una situación de este tipo debe ser totalmente de cooperación. El esposo debe comprender que aunque él tenga deseos sexuales, debe respetar lo que está sucediendo en el cuerpo de su mujer. Al fin y al cabo, no ha sido el hombre quien ha tenido que soportar los nueve meses del embarazo, ni las molestias del parto... Es por eso que su actitud debe ser comprensiva y paciente. Sin embargo, el hijo es una responsabilidad de ambos. Es una actitud muy egoísta y desconsiderada la del hombre que piensa únicamente en satisfacer sus necesidades sexuales, olvidando totalmente todo lo que ha significado este nacimiento para su esposa. Lo menos que puede hacer el hombre es compensarlo  con su consideración.

   No obstante, aun en estos momentos de incertidumbrte conyugal, siempre se puede mantener  un tipo de actividad sexual totalmente satisfactoria y lleno de gran contenido erótico y espiritual al mismo tiempo. La pareja necesita amor... y sexo, por supuesto. Las relaciones sexuales se pueden reanudar sin llegar al acto sexual en sí, ya que existen muchos recursos que permiten gratificaciones de todo tipo... tales como caricias íntimas, contactos corporales y auto-estimulación (del hombre). Todo esto demuestra una variante de la relación sexual y va preparando paulatinamente a la mujer para el momento en que verdaderamente desee y pueda disfrutar esa relación íntima que se ha suspendido temporalmente debido al nacimiento del niño.

    Los detalles y la forma en que se maneje cada situación aislada depende mucho de la educación de la pareja y de la manera en que ambos cónyuges enfrenten el problema, ¡juntos! Lo más importante es el entendimiento mutuo de la nueva situación, y estar seguros de que cualquiera que sea la situación de crisis que esté  provocando el nacimiento del niño, se trata de una situación temporal que pronto terminará.

    Esto es sumamente importante: un niño es el producto del amor de dos personas. Su nacimiento no termina esa relación, sino que la fortalece. Si usted (como mujer) se siente desesperada porque no está disfrutando sus relaciones sexuales después del parto y se siente tentada a gritar (“¡no quiero tener más relaciones sexuales, contigo ni con nadie!”) debe aprender a controlarse. Si desea decirlo, hágalo... e inclusive llore, si esto le hace sentirse bien. Pero sea consciente en todo momento que después de unos meses se reirá totalmente de estas palabras, una vez que haya vuelto a la normalidad, cuando su organismo se encuentre equilibrado nuevamente y todo sea aún mejor que antes... Porque entonces, además de la alegría del sexo compartido, estará vigente en el hogar la gran esperanza de una criatura que ha llegado para fortalecer sus vínculos afectivos con su hombre.


¡FRENTE A FRENTE A LA SITUACION

DE SEXO-DESPUES-DEL-PARTO!

En general, el problema del sexo-después-del-parto se debe enfrentar  desde dos puntos de vista:

*  La mujer debe saber perfectamente que sus emociones, sentimientos y forma de ver la situación, son temporales.

*  El hombre, por su parte,  debe ser comprensivo y no dejarse llevar por su egoísmo; es preciso que analiuce objetivamente la situación que le está afectando y cooperar para su pronta solución.



Y como forma de actuar...

Practicar esas formas de acercamiento íntimo que indican la compenetración y conllevan el placer mutuo sin tener que llegar a una relación sexual total. Este tipo de contacto erótico, pero sutil, es el más indicado, ya que permite liberar la sexualidad contenida del hombre, tranquiliza a la mujer (que se siente querida y amada), mientras que, al mismo tiempo, se materializa el respeto a la condición que temporalmente le ha impuesto su maternidad.


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