BISEXUALISMO

¡CUANDO “LA OTRA”

ES UN HOMBRE!
















Cada día es mayor el

número de mujeres  que contraen

el virus que causa el SIDA sin causa

aparente alguna. ¿Después...?

En muchas ocasiones se descubre

que han sido contaminadas

por hombres con los que

mantenían relaciones íntimas

y que son BISEXUALES.

¡Con frecuencia estos

HOMBRES BISEXUALES

son sus propios esposos!


Aquella mañana, al secarse después de haber tomado una ducha, Leticia M. notó la pequeña mancha de color rojizo que le había aparecido debajo del seno izquierdo. No le prestó mayor importancia, hasta días después, cuando comprobó que no sólo la mancha inicial había aumentado en tamaño y cambiado de forma, sino que otras manchas similares le estaban apareciendo en el vientre. Esa misma tarde vio a su médico, quien no pudo ocultar su sorpresa al enfrentarse a la situación que afectaba a su paciente. Tenía la certeza casi absoluta de que estaba desarrollando el temible sarcoma de Kaposi... pero no se aventuraba a dar un diagnóstico definitivo hasta que no tuviera las comprobaciones del laboratorio. En efecto, no se había equivocado. Leticia presentaba esta extraña forma de cáncer que se presenta ahora con mucha frecuencia en las personas que han contraído el virus del SIDA, ya que es una de las llamadas “enfermedades oportunistas” de esta condición. ¡Leticia M. estaba condenada a muerte!

   La pregunta era inevitable: ¿cómo contrajo el virus que le había causado esta enfermedad? En medio del desconcierto, tanto el médico como la paciente hicieron un recuento de los últimos meses: Leticia no había recibido ninguna transfusión de sangre en su vida, era absolutamente fiel a su esposo (doce años de matrimonio; tres niños), y ni siquiera conocía una persona que tuviera SIDA. Entonces... ¿cómo?

   En conversaciones privadas posteriores entre el médico de Leticia y el esposo de ésta, el atribulado hombre le confesó que era bisexual... que existía la posibilidad de que él mismo hubiera sido el portador del virus, sin haber desarrollado la enfermedad (las estadísticas muestran que los homosexuales hombres, aún hoy, constituyen el grupo de mayor incidencia de SIDA a nivel mundial). Y, en efecto, una sencilla prueba de laboratorio demostró que así era. ¡El había contaminado a su propia esposa; él mismo había llevado el SIDA a su hogar! ¡Con su actitud indolente y evi-dentemente descuidada, con su engaño, era él quien estaba destruyendo la familia! Durante esos doce años de vida en común, Leticia nunca supo que su marido llevaba una doble vida sexual, con encuentros furtivos con hombres en bares de homosexuales y en lugares públicos apartados.

   El trauma que experimentó esta familia fue extraordinario: por una parte, la enfermedad de Leticia; por la otra, el enfrentarse de repente a una mentira íntima que había sido prolongada por tantos años. Poco después de haber recibido su diagnóstico de SIDA, ella repudió al marido y pidió divorciarse de él... No le dio tiempo a ver culminados sus deseos, ya que falleció unas semanas antes de que el juez diera su sentencia final. Poco antes de morir perdonó al esposo por haber destruido sus ilusiones, su fé... ¡su vida misma! Pero aquel perdón que otorgaba generosamente ante una muerte inmediata no podía devolverle la salud... ¡El mal estaba hecho, y era irreversible!


¿Le parece esta síntesis

el capítulo de una telenovela?


Pues se trata de un caso real... la triste realidad a la que muchas mujeres se están enfrentando en estos momentos al descubrir que sus hombres son bisexuales; es decir, que funcionan sexualmente lo mismo con mujeres que con hombres. Seguramente se asombrará al leer estos párrafos, porque encierran una realidad espantosa. Tal vez admita que pueden darse “algunos” casos así, pero... ¿muchos? ¡Imposible! ¿Y que puedan convivir con mujeres que no se dan cuenta de sus “otras” aficiones sexuales...? Nuevamente, ¡imposible! Usted se niega a creerlo. Si fuera así, esas mujeres seguramente lo descubrirían al instante, porque el hombre que es verdaderamente hombre lo demuestra en cada momento... con sus gestos, con su actitud, con su agresividad natural en la intimidad. Y es posible que se repita a sí misma que son casos que “pueden existir”, pero que usted nunca sería protagonista de una historia, porque su esposo “ha pasado ya todas las pruebas”.

   ¡Pues está completamente equivocada... y no debe mantener vendas cubriéndole sus ojos para no enfrentarse a una realidad inexorable! Leticia M. también pensaba como usted... ¡y hoy es sólo una estadística más entre los casos de víctimas del SIDA! Toda mujer es hoy una víctima en potencia de tener relaciones sexuales con un hombre bisexual. Las estadísticas en este sentido son alarmantes, y en los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que el 8% del total de la población masculina practica el bisexualismo. Ese porcentaje significa que entre 5 y 10 millones de hombres norteamericanos, entre los 16 y los 55 años de edad, son bisexuales. Las estadísticas en otros países no son tan precisas, pero los expertos consideran que pueden ser muy similares a las norteamericanas. Estos hombres, al sostener relaciones sexuales con otros hombres, corren el peligro de contagiarse con el virus del SIDA, la enfermedad de trasmisión sexual que continúa azotando al mundo en estos momentos sin que se haya encontrado forma alguna de detener sus estragos. Por supuesto, estos mismos hombres, al practicar luego el sexo con mujeres (son bisexuales, ¿no?), representan un factor de contagio para ellas de alta peligrosidad.


En otras palabras...

*  La mujer que tenga un esposo bisexual, y no adopte medidas de protección adecuadas en la intimidad con él, está expuesta a contraer el virus HIV causante del SIDA.


Cada vez que tenga relaciones sexuales con su esposo, aunque sea fiel, está expuesta a los cientos de encuentros sexuales que él haya podido tener con hombres en los últimos años (consideremos que la promiscuidad homosexual es elevada), en alguno de los cuales pudo haber recibido ese virus HIV que ahora puede trasmitirle a ella.


¿CUALES SON LOS FACTORES

DE RIESGO DE LAS MUJERES

CON RESPECTO AL SIDA?

Hasta no hace mucho se suponía que los riesgos que corrían las mujeres de contagiarse con el SIDA eran solamente dos:

*  El uso de drogas por la vía intravenosa; y


*  relaciones sexuales con hombres que fueran portadores del virus del SIDA.



Claro que es posible que surgiera algún caso raro de contagio al recibir una transfusión de sangre de una persona contaminada, o al ser tratada por un especialista de la salud que estuviera contaminado y que no observara las medidas de protección adecuadas. Pero esas posibilidades siempre han sido consideradas remotas. En general, podría afirmarse que, llevando un estilo de vida normal, en el cual no hubiera cabida para el uso de drogas ni relaciones sexuales con adictos, las mujeres estaban bastante protegidas del virus del SIDA. Hoy toda esa confianza y seguridad se ha venido abajo al descubrirse casos de mujeres afectadas por el SIDA que ni eran adictas a las drogas, ni tenían relaciones íntimas con adictos. Sus vidas íntimas también parecían fuera de toda sospecha: sus esposos (o sus compañeros de sexo) eran hombres de quien jamás se podía sospechar la posibilidad de que fueran homosexuales. Eran más bien profesionales u hombres de negocios, serios y conservadores, incapaces de participar en orgías sexuales o, ni siquiera, tener trato con prostitutas (que podrían estar contaminadas). Sin embargo, al ser sometidos a análisis de sangre, se comprobó que también eran portadores del virus HIV. Y al hacerse una investigación más profunda y detallada con respecto a sus vidas, se pudo comprobar que muchos eran bisexuales.

   O sea, que un tercer factor de riesgo (importantísimo) ha aparecido en las vidas de las mujeres: la posibilidad de que sus esposos (o amantes) tengan una vida sexual secreta con otros hombres, corriendo el riesgo de contaminarse con el virus del SIDA y convertirse ellos, a su vez, en trasmisores del virus de la terrible enfermedad.















¡MUCHO CUIDADO CON





El hombre bisexual está en la actualidad corriendo más riesgos de contagiarse con el virus del SIDA que el homosexual, según los estudios que se han realizado en esta dirección. Este último (el homosexual definido), conociendo ya los peligros que existen y los riesgos de la contaminación, toma infinidad de precauciones en la intimidad, y una de esas precauciones es, desde luego, evitar la promiscuidad. Cuando un hombre homosexual comparte su vida con otro, por regla general sabe que ni él, ni su compañero, padecen de SIDA. Y al establecer una unión estable, basada en la fidelidad y la monogamia, ambos pueden mantenerse alejados del peligro del contagio.

   ¡Todo lo contrario sucede en el caso del hombre bisexual! La realidad es que éste disfruta de sus relaciones sexuales con las mujeres tanto como con los hombres. Pero, como para mantener su relación con una mujer tiene que ocultarle sus aficiones bisexuales (son pocas las mujeres que aceptan el bisexualismo en sus hombres), el bisexual no puede establecer relaciones firmes y estables con otro hombre. Su vida de disimulo constante lo obliga precisamente a hacer conquistas rápidas en los centros que habitualmente son frecuentados por los homosexuales, donde la promiscuidad es grande... y las posibilidades de contagio muchas. En fin, en lugares en los que pueda encontrar con cierta facilidad un compañero de intimidad cada vez que sienta el deseo (o la necesidad) de estar con otro hombre. Eso implica, naturalmente, promiscuidad por su parte y, forzosamente, jugar a una especie de ruleta rusa sexual, donde las posibilidades de encontrar un compañero de sexo sano son muchísimo menor que las de hallar a alguien que esté ya contagiado con el virus maligno o con el SIDA ya en pleno desarrollo.


LA COMPAÑERA DE UN

HOMBRE BISEXUAL OCULTO

ESTA EN PELIGRO DE

CONTAGIARSE... ¡Y MORIR!

El Centro para el Control de Enfermedades (en Atlanta, Gerogia; Estados Unidos) estima que:

*  En los próximos años, más del 35% de la población norteamericana habrá contraído el virus HIV que dearrolla el SIDA;

*  el número de mujeres enfermas de SIDA y que morirán a consecuencia de esa enfermedad será  diez veces más alto del actual.


*  También los especialistas han llegado a la conclusión que una gran parte de esos contagios femeninos se deberán a contactos sexuales con hombres bisexuales.




¿Cómo pueden defenderse

las mujeres de esta amenaza...

tan real y frecuente?


Desde luego, no es fácil, como resulta evidente... porque el hombre bisexual se comporta exactamente igual que todos los demás hombres. Por ello es muy difícil descubrirlo (vea el recuadro que incluimos en estas mismas páginas). El hombre bisexual miente sobre sus preferencias sexuales. Tiene que mentirle a la mujer que está tratando de conquistar porque si le revela la verdad (“su” verdad) lo más probable es que pierda toda oportunidad de entablar relaciones íntimas con ella. Por ello es que la mujer no siempre puede creer lo que su hombre le diga con respecto a su pasado. Tampoco puede creer mucho en lo que diga la familia de él (o sus amistades más íntimas), porque este tipo de hombre sabe disimular perfectamente (y encubrir) sus preferencias sexuales, aun en el caso de sus seres más íntimos.

  

¿Qué hacer, entonces?


La única alternativa es tomar ciertas precauciones en la intimidad al tener relaciones con un hombre (cualquiera que éste sea, porque en el caso del hombre heterosexual, también pudo haber tenido contactos sexuales anteriores con mujeres contaminadas por el virus HIV); en este sentido, el uso del profiláctico (o condón) es excelente, ya que se ha probado que los riesgos de contagio del virus HIV del SIDA disminuyen considerablemente con él. Claro que esto no resuelve todo el problema, ni aleja del todo el peligro de contaminación. Pero, al menos, disminuye las posibilidades de contagio.




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¿TIENE UN HOMBRE BISEXUAL

A SU LADO...? ¿COMO

AVERIGUAR

LA VERDAD?


En los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, así como en varios países escandinavos, funcionan desde no hace mucho centros de orientación para hombres bisexuales. Los mismos han sido creados a raíz de la epidemia mundial que se ha desatado con respecto al SIDA, precisamente con el propósito de disminuir en lo posible los riesgos de contagio por parte de este sector de la población, cuyo número no puede ser calculado con precisión, ya que no existe un censo para bisexuales, como es natural. En Nueva York, por ejemplo, los llamados Servicios de Orientación a Bisexuales están efectuando una activa campaña de publicidad encaminada a hacerles comprender a los bisexuales ocultos los peligros que ellos mismos están corriendo con los patrones sexuales que siguen. El concepto detrás de todas estas campañas de información es crear un ambiente que incline al hombre bisexual a ser franco sin provocar contra sí mismo repercusiones negativas o de rechazo.

   “Nuestro propósito es incitarlo a la franqueza para guiarlo hacia un sexo con precauciones... no a que abandone sus prácticas bisexuales... porque ya eso sería caer en otro tema y en una situación que no es la que preocupa actualmente”, explican miembros directivos involucrados en estas campañas de orientación. De acuerdo con sus recomendaciones de estas organizaciones de orientación sexual, si usted como mujer sospecha (o presiente) que ese hombre que está a su lado es bisexual, trate de seguir los siguientes pasos:

*  Antes de llegar a la intimidad sexual con él, establezca un ambiente de franca camaradería que les haga sentirse bien a ambos cuando están juntos.

*  Propicie conversaciones sobre el pasado. Hágale saber que usted necesita conocer su historia sexual anterior para determinar cómo ambos pueden proceder de un modo responsable como pareja. De ningún modo debe darle a entender que de esa historia dependerá que usted decida sostener o no relaciones íntimas con él.

*  Haga sus preguntas amistosamente. El no debe verlas como una forma de ataque (tal vez lo mejor sería que usted empezara por contarle sus propios antecedentes sexuales). La franqueza estimula que la otra parte también quiera ser franca.


*  Confíele abiertamente cuáles son sus temores; son normales en la época de enfermedades de trasmisión sexual que estamos viviendo. Admita que casi todo el mundo tiene algo oculto en su pasado y que teme ser rechazado si ese secreto se pudiera descubrir. Háblele de lo maravilloso que sería poder encontrar a alguien con quien usted pudiera ser enteramente franca. Trate de saber si él se sentiría igualmente feliz, si pudiera confiarse a alguien.

*  Finalmente, si no logra averiguar los hechos de su pasado y usted continúa teniendo la impresión de que él calla porque no quiere que se descubra su tendencia bisexual, protéjase a sí misma... y considere terminar esa relación para evitar el posible contagio del SIDA. Desde luego, antes de llegar a una decisión drástica, considere que también la mujer está expuesta a la contaminación con un hombre heterosexual (inclusive con su propio esposo, en el caso de que éste haya sido infiel y haya sostenido relaciones sexuales con una mujer contaminada).



COMO DETECTAR

AL HOMBRE

BISEXUAL

Hay milones de hombres que son francamente bisexuales y que, por complejo, aparentan una vida hetereosexual. Sus encuentros homosexuales son ocultos, y callados. Pero no vamos a considerar aquí las cuestiones morales y éticas relacionadas con el bisexualismo. Partamos de la base que hay infinidad de hombres bisexuales en el mundo,  y que (como se muestra  en este informe) ahora se han convertido en un factor de riesgo en la trasmisión del virus HIV. Por supuesto, el hombre bisexual por lo general oculta la realidad de sus preferencias sexuales y, por complejo o por traumas emocionales, lleva una doble vida, muchas veces incompatible la una con la otra.


Es decir...

*  Un aspecto de su personalidad aparenta ser normal; es su personalidad heterosexual, la que él muestra y proyecta públicamente, porque es la aceptada por la sociedad. Esta fuerza lo lleva a ser un hombre casado, con familia, con un buen trabajo... ¡todo como las reglas mandan!

*  A escondidas, y cuando las circunstancias lo propician, entonces manifiesta su homosexualidad... En forma casi siempre oculta, porque es “lo prohibido”, “lo censurado”. Casi siempre esta fase la mantiene inhibida y bajo control, satiscfaciéndola únicamente en encuentros rápidos (y casi siempre intrascendentes) con individuos de su mismo sexo.


Los siquiatras están de acuerdo en que el individuo bisexual absoluto no existe; es decir, un hombre supuestamente bisexual en realidad tiene una preferencia sexual (ya sea homosexual o heterosexual), y siempre mostrará una inclinación más definida por uno u otro sexo, aunque también acepte el otro en un momento dado.


¿CÓMO DETECTAR

EL BISEXUALISMO?

*  A veces el hombre bisexual no puede evitar admirar y elogiar a otro hombre... ya sea un actor de cine, un atleta, un desconocido que pase por su lado. Si presta la debida atención, es posible que detecte las connotaciones sexuales de su admiración.


*  Con frecuencia tiene uno o más amigos íntimos, con quienes comparte muchas de sus inquietudes y a quienes dedica una buena parte de su tiempo. Muchas veces, estas amistades particulares provienen de la niñez o de la adolescencia. Es un síntoma de su necesidad de asociación con individuos de su mismo sexo.

*  Su patrón de vida no es constante. Por lo general son individuos que tienen trabajos que requieren horarios flexibles, o que se quedan trabajando hasta tarde en la oficina, o que tienen que hacer viajes de negocios frecuentes. Es decir, su tiempo está programado de manera que no puedan estar bajo el control de las esposas en todo instante. Esta flexibilidad, precisamente, les permite algún tiempo libre para calmar sus necesidades secretas.

*  Su apetito sexual casi nunca es muy desarrollado, porque su vida sexual es compartida en diferentes formas. Hace el amor y funciona perfectamente en la intimidad... pero no siempre está provocando estos encuentros íntimos.


*  En ocasiones pasa por largos períodos de abstinencia sexual. Durante los mismos, se manifiesta apático, cansado, sumido en sus propios pensamientos. Según los siquiatras, estas fases depresivas se deben a los ajustes de sus preferencias sexuales antagónicas.

*  Siempre tiene una justificación lógica para todo lo que hace, aun cuando se trate de situaciones erráticas para las que no hay explicación posible.

*  Siempre está involucrado en diferentes actividades que le permitan disponer de ratos para sí mismo... desde nuevos cursos hasta ejercicios en un gimnasio.

*  Asimismo, a veces desarrolla una serie de rutinas aparentemente normales que, en realidad, le permiten esos momentos libros que son tan importantes para él... porque son los que dedica a encuentros furtivos con individuos del mismo sexo. Por ejemplo, comprar el diario, caminar con el  perro, andar en bicicleta...

*  Si el encuentro homosexual furtivo con algún individuo trasciende del plano únicamente físico, entonces la situación se complica grandemente. En estos casos, los síntomas son todos los característicos de la infidelidad... ¡sólo que la rival no es una mujer, sino otro hombre!


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