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AMORES

INTERRUMPIDOS

EL PRIMER AMOR...

¿ES EL VERDADERO?



















Son muchas las parejas que se amaron en el pasado, que pusieron punto final a su relación sentimental... y que cuando vuelven a encontrarse comprueban que aún se aman.

¿Qué deben hacer estas parejas? ¿Qué mecanismos sicológicos determinan que esos amores sólidos del pasado nunca mueran?

   Dice la canción tradicional latinoamericana que “un viejo amor, ni se olvida ni se aleja”... y en muchas formas, este concepto encierra una verdad absoluta.

  

Consideremos el caso verídico de Eloísa F. y Pablo P. Se conocieron en la escuela, cuando ambos estaban terminando la enseñanza secundaria y preparándose para ingresar a la universidad. ¡Fue un amor a primera vista!”, recuerda hoy Eloísa. “Prácticamente, no hicieron falta las palabras entre nosotros, porque era evidente que la atracción física entre ambos era superior a todo... cada uno despertaba emociones muy intensas en el otro, y la única alternativa era unirnos... compartir nuestras vidas. Comenzamos a vernos a la salida de clases, alguna que otra vez nos escapamos de nuestras responsabilidades para escondernos en algún cine... y aquel primer beso provocó un estremecimiento en ambos como... creo yo... nunca más lo habremos vuelto a sentir. Por supuesto que en aquellos días los dos pensamos en el futuro, y ambos hicimos planes para casarnos, movidos por todas las ilusiones que estremecen a los enamorados... Pero estaban nuestros estudios por delante, y los mismos se convertían en un obstáculo que en verdad considerábamos insalvable... ¡y resultó ser insalvable!”.

   En efecto, una vez en la universidad, Eloísa comenzó a estudiar Periodismo, mientras que Pablo matriculó Medicina. Los horarios de ambos ya no coincidían, los encuentros eran más difíciles y se fueron volviendo más esporádicos, los intereses de los dos también  comenzaron a variar... y el abismo se fue produciendo.  “Sí, es verdad que toda aquella situación tormentosa era un ingrediente más para exacerbar nuestro amor imposible, pero también... en el fondo de nuestras almas... tanto Pablo como yo comprendíamos que nuestras relaciones estaban condenadas a  

terminar tan abruptamente como habían comenzado... sólo que no había un motivo, porque por encima de todo, los dos considerábamos que nuestro  amor era una fuerza superior en nosotros, la cual resultaba indestructible”.

   En verdad, aquel primer amor de Eloísa y Pablo incluía todos los elementos para que se hubieran unido en matrimonio. Sólo que Pablo comenzó a salir con una compañera de Medicina, y no toleró los celos justificados de Eloísa, quien hizo acopio de su dignidad y puso fin a las relaciones, de una vez y por todas. A partir de ese final abrupto, se vieron alguna que otra vez, pero sólo en ocasiones sociales en las que ambos trataron de evitar el encuentro directo. Dos años más tarde, Eloísa supo (a través de los comentarios de una amiga en común) que Pablo se había casado. “No sabría definir cómo me sentí en aquel momento, pero no creo que la noticia despertara en mí odio ni rencor... más bien resignación, porque quizás siempre esperara una reconciliación”, dice hoy Eloísa. Poco después, cuando se graduó de Periodismo y comenzó a trabajar para una importante cadena de televisión, se casó con un importante productor de la telemisora... “y fui feliz a su lado, mucho más cuando nació mi primer hijo”.

   Fue una felicidad que sólo se prolongó por siete años, al cabo de los cuales Eloísa y su esposo decidieron divorciarse. A partir de ese momento, sólo en dos ocasiones sintió que se estaba involucrando sentimentalmente con hombres que le resultaban especiales, y en ambos casos prefirió protegerse de los altibajos que una relación de amor podría representar en su vida, prefiriendo refugiarse en su carrera profesional y en su hijo. Fue entonces que se produjo el reencuentro con Pablo... “quizás provocado en cierta forma por mí, pues cuando en el canal me comisionaron entrevistar a un médico que se especializara en enfermedades de trasmisión sexual... el SIDA específicamente... no dudé por un instante que era  Pablo con quien debía establecer contacto... no sólo porque su prestigio como especialista era grande, sino por una curiosidad latente en mí que sentía que debía saciar”.

   El resto es fácil de imaginar. Fue un encuentro nostálgico en el que los protagonistas de la historia lo menos que hicieron fue hablar del SIDA y sí de lo que había sucedido en sus vidas respectivas durante todos aquellos años. Pablo también se había divorciado de su primera esposa, se había casado nuevamente, y en esos momentos estaba separado de su segunda esposa, con la que había tenido una hija. “Eloísa me seguía interesando como mujer... pero ahora era un sentimiento diferente... como si de alguna manera quisiera empezar de nuevo lo que habíamos dejado pendiente”, explica Pablo. “Sólo puedo comparar estos sentimientos a los que lo embargan a uno cuando está leyendo un buen libro y, por un motivo u otro, tiene que dejarlo a un lado... hasta que continúa leyéndolo varios meses después”.

    Cinco meses después de aquella entrevista, Eloísa y Pablo se mudaron juntos; hoy están casados.



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